Actualidad obsoleta: Curso de fabricación digital y encuentro Blooming Waste

6 de junio de 2014 por Edu

¡Vergüensa! me da escribir ahora por el tiempo que hace que no publicamos nada en este, amigo lector, nuestro rincón obsoleto.

Pero La Cosa™ está que arde y paso a redactar los proyectos/movidas/suanuncioaquí/saraos en los que estamos metidos los obsoletos.

LA ªCOJOMÁTICª, la máquina CNC multiherramienta de obsoletos.org


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Viaje a Obsoletos

3 de noviembre de 2012 por blanca

Aunque ya lo supongáis, os cuento que Obsoletos ocurre en algún lugar. Y ese lugar es una Nave, “La Nave”. Y esa nave están en un barrio, Ventas. Y ese barrio en un distrito, Ciudad Lineal. Y ese distrito en una ciudad, que es Madrid. Pero antes no lo era. O bueno, no lo era “exactamente”.

Hace tiempo, antes de que Madrid se convirtiera en la capital que es hoy, fagocitando dentro suyo otros barrios que había a su alrededor, Ventas era una especie de ‘ciudad dormitorio’ de la época que tomaba su nombre de las “ventas” que había en el lugar. Quizás alguien no conozca ya el significo de esa palabra obsoleta (?), pero las ventas eran una especie de fondas que había por caminos o lugares despoblados donde se hospedaba a los viajeros en su camino hacia algún lugar. En nuestro caso, Ventas era el lugar a medio camino, a las afueras de la ciudad de Madrid, donde paraban y se alojaban los viajantes, mercaderes y arrieros venidos del Este de la península que traían sus mercancías para ser vendidas en los mercados de la gran ciudad. Ventas era algo así como la etapa final, el campamento base desde donde dar el gran salto y hacer el negocio que les diera unas cuantas alegrías.

Hoy es un barrio de clase media, popular, con bastantes edificaciones de los años 70 y principios de los 80…parece. Quizás de cuando esos arrieros, viajantes y mercaderes de provincias decidieron dejar sus pueblos y asentarse en el costado derecho de la gran ciudad, más cerca de las ‘oportunidades’. Y la Nave (dentro de un barrio, dentro de un distrito, dentro de una ciudad…), está junto a una casita ‘como de pueblo, escondida al fondo (a la derecha) de un callejón sin asfaltar. Una rareza en el suelo urbano.

Como esos viajeros que se acercaban a la ciudad de las oportunidades para hacer sus negocios, también me he acercado a Obsoletos, procedente del Este de la península y pasando por Inglaterra, para trajinar y conocer qué se traen entre manos y cacharros. Durante casi un mes, observaré, interrogaré, comentaré, tocaré y discutiré con la gente y los cacharros de Obsoletos qué es lo que están haciendo o qué se podría hacer para afrontar la cuestión de la basura electrónica y otros temas relacionadas, como es la obsolescencia programada. Con motivo de una investigación sobre las prácticas innovadoras de la ciudadanía para hacer frente a la basura electrónica (ver blog), me acercaré a la experiencia de Obsoletos para averiguar qué hacen y cómo lo hacen, cómo consiguen estirar y devolver la vida a cacharros electrónicos y ordenadores aparentemente moribundos, qué tipo de conocimientos y habilidades ponen en juego, cómo las comunican y dan a conocer a otros, cómo generan valor a partir de la basura, de aquello que nadie quiere, cómo se puede repensar lo político, la participación y la ciudadanía desde esta experiencia y, en definitiva, cómo se las apañan para jugar y desplazar el límite entre el final de un ordenador y el comienzo de una basura (ver guión).

Todas estas cuestiones, trataré de responderlas junto con Obsoletos, a través de conversaciones, observaciones, documentación, entrevistas y discusiones alrededor de un buen plato de lentejas…o de una gran merendola. Y de todo ello trataremos de dar cuenta a través del blog, mediante una bitácora en forma de posts (esperemos que regulares) que recoja reflexiones, impresiones y comentarios del proceso de investigación.

…como quien viaja desde el Este peninsular hasta la gran capital, alojándose durante un rato más o menos largo en una venta cualquiera, de un distrito, de un barrio, en forma de Nave.

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Mercado de Obsoletos

29 de octubre de 2012 por skotperez

Mercado de obsoletos… éste es el término que nos encargaron definir para un glosario hace unos meses. Ante el ambiguo y sugerente término, y tras superar nuestra perplejidad, entregamos el siguiente textito acompañado de la imagen demandada. Aquí os lo dejamos:

Podemos imaginar una línea horizontal que representa la utilidad de un producto: a un lado, podemos convenir el izquierdo, el objeto perfectamente útil, que cumple su función sin rechistar; en el opuesto el mismo objeto inútil ya, convertido en desecho. Cada interesado, incluso inconscientemente, puede imaginar el lugar donde debería estar el umbral en que un objeto útil se convierte en desecho.

La industria y el mercado también realizan este ejercicio siguiendo sus intereses que son exclusivamente de rentabilidad económica. Además emplean gran esfuerzo en imponer su umbral como universal, como el único. Prueba de ello son los mecanismos de obsolescencia programada que permiten limitar la vida útil de los productos y proporcionarle así unos beneficios cada cierto tiempo.

En las sociedades en las que funciona aún una cultura de la reutilización y una economía de la reparación, el umbral social que define la transformación de un objeto útil en desecho, coincide con el que marca el mercado; además está a una distancia considerable del límite izquierdo que representa el objeto recién nacido. En estas sociedades reparar es rentable económicamente, mucha gente vive de ello, tan rentable o más que fabricar objetos nuevos, y la reutilización está en el ADN social.

La economía de escala abarató los costes de producción y transporte, los productos de usar y tirar desterraron la necesidad de la reparación y la industria consiguió desplazar el umbral considerablemente hacia la izquierda, reduciendo la vida útil de los productos. Con el tiempo la cultura de la reutilización se fue extinguiendo. Así, la industria consiguió establecer su criterio casi como el único.

El nivel de democratización de los medios de producción que experimentamos con la tecnología actual, y la capacidad de compartir conocimiento y comunicarse que permite internet han provocado que a la industria le resulte mucho más difícil imponer su umbral. Por otro lado, han propiciado la formación de islas de utilidad en el tramo que define el mercado como desecho, por así decirlo, de manera que la frontera entre utilidad y desecho se desdibuja y se vuelve variable.

En este último escenario cada vez existen más herramientas que permiten desplazar el umbral, permitiendo a cada cual decidir según sus necesidades dónde situarlo. Éste se puede definir en función del tiempo que se quiera invertir en un objeto, de lo que nos importe su impacto ecológico o de cualquier otro factor que nos interese, ya no tiene por qué ser la rentabilidad económica la que decida. Bienvenidos al nuevo mercado de obsoletos.

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Talat Noi, donde los herreros se convirtieron en mecánicos

2 de febrero de 2012 por skotperez

Gustavo Sanabria, de la serie Talat Noi

Talat Noi es el nombre de un barrio al sur de Chinatown, en Bangkok, junto al río Chao Phraya. Antiguamente acogía a la mayor parte de los herreros, productores de herramientas de acero. Después de la Segunda Guerra Mundial los herreros tuvieron que adaptarse y convertirse en mecánicos. Actualmente es un entramado de callejones repletos de talleres y almacenes de piezas.

Así se presenta la serie Talat Noi de Gustavo Sanabria en la recién inaugurada web del fotógrafo, que retrata el barrio de Talat Noi de Bangkok, uno de esos lugares donde van a morir los residuos tecnológicos del planeta, y que a juzgar por las imágenes no tiene nada que envidiar a sitios con prestigio y solera como Guiyu. Talat Noi,
el barrio de los herreros antes del desembarco del automóvil en Bangkok, supo reconvertirse y se llenó de auto-partes y talleres mecánicos. Las fotografías saben retratar perfectamente la belleza de la acumulación, y el contraste entre la repetición grasienta y la presencia de elementos cotidianos de la cultura local, como los templos domésticos. A menos que te estés imaginando todo este desorden acumulado en el salón de tu casa, sabrás disfrutar la belleza de las fotos.

Nos descubrió la serie Reme, de Flores en el Ático.

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La obsolescencia según Don Delillo

29 de noviembre de 2011 por skotperez

Acababa de enterarme de que, en lenguaje de los bancos y de otras entidades globales, los PBD eran países de bajo desarrollo.

—Esos pequeños países de piel morena. Sí, se trata de un feo asunto que cada vez va a más. Hay países que aceptan unos honorarios equivalentes a cuatro veces su producto interior bruto para admitir la entrega de un cargamento de desechos tóxicos. ¿Qué ocurre después de eso? Mejor no saberlo.

Don Dedillo (1997) Submundo

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Obsolescencia programada en tierras de la tecnología apropiada

16 de noviembre de 2011 por skotperez

Hace unos meses estuve pasando una temporada en Chiapas, en el sur de México; allí tuve la oportunidad de entrar en contacto con el movimiento zapatista y comprobar cómo lidian en las comunidades indígenas con la tecnología. Tienen un amplio sentido de la tecnología apropiada, y conciencia plena de cada solución tecnológica que adoptan.

Un amigo que está trabajando con las comunidades zapatistas, me pidió un textito que hiciese un recorrido rápido y completo al tema de la obsolescencia programada. Lo compartimos ahora aquí en el blog:

Sabías que la tinta de las impresoras es uno de los líquidos más caros del mundo, probablemente el producto más caro que se vende al consumidor de a pie. Sabías que las bombillas incandescentes fueron fabricadas en un principio para durar más de cien años. Estos dos fenómenos son ejemplos de los mecanismos que se agrupan dentro de lo que se conoce como obsolescencia programada.

Qué es eso de la obsolescencia programada

La obsolescencia programada consiste en una serie de mecanismos que permiten a las empresas controlar la vida útil de los productos que fabrican, acortándola según les convenga en cada caso para asegurarse unas ventas determinadas.

Qué beneficios trae la obsolescencia programada a las empresas

Los objetos tecnológicos, como muchos otros productos de consumo, no solo generan beneficio económico cuando son vendidos tras ser fabricados, adquieren un nuevo valor cuando se convierten en residuo, así que acortar su vida útil permite a las empresas obtener más rápidamente un doble beneficio. Por un lado, el consumidor tendrá que reemplazar el producto que ha comprado con una periodicidad mayor, y por otro al convertirse el producto en residuo la empresa también obtiene un beneficio directo al venderlo como material de desecho.

El recorrido global de los residuos tecnológicos

Esta reencarnación de los productos en residuos es beneficiosa económicamente debido a las diferentes legislaciones que regulan el tratamiento de los residuos tecnológicos en el mundo. Los países con normativa más estricta, que coinciden con lo que conocemos como primer mundo se aprovechan de la existencia de regulaciones más laxas o la desrregulación total que pueden encontrar en otros países, generalmente en lo que conocemos como tercer mundo. La gestión y recuperación informal de residuos es un importante sector económico en países como India, China y varios países africanos. Las empresas del primer mundo prefieren vender sus residuos a estos países, en vez de gastar dinero en deshacerse de ellos de la manera que dicta la normativa de residuos en sus países. De esta manera, los productos se venden al menos dos veces, una como bien de consumo y otra como residuo.

Cuáles son los problemas de acortar la vida de los productos

Evidentemente los primeros perjudicados son los bolsillos de los consumidores que tienen que vaciarse con mayor frecuencia. Sin embargo quizás sean más comprometedores a largo plazo para los consumidores los recortes de libertad que sufren. Cualquier mecanismo de obsolescencia programada implica un recorte de libertad para el consumidor, necesario para que la empresa pueda tener controlado el producto y en los casos más elaborados también al consumidor.

Volvamos a la tinta de las impresoras. Comprar una impresora doméstica último modelo no cuesta más de cincuenta dólares americanos. El problema viene cuando se acaba la tinta y descubrimos que comprar un nuevo cartucho cuesta más que la propia impresora, lo que convierte estos artefactos en impresoras de usar y tirar. Podemos definir esta situación como económicamente fastidiosa, pero cualquier consumidor que mire su dinero no se comprará más de una impresora de esta tipo.

Los mecanismos de obsolescencia programada mejor diseñados no dejan escapar al consumidor tan fácilmente, en cambio se esfuerzan en crear usuarios cautivos. Cada vez más las empresas se aseguran de que cuando un consumidor adquiere uno de sus productos se vuelva dependiente de un sistema que ellas controlan. Dentro de estos sistemas cerrados es incómodo, a veces realmente difícil, funcionar si no se siguen las reglas internas que marca el fabricante. Los sistemas cerrados no son en sí mismos un mecanismo de obsolescencia, pero sí crean consumidores cautivos, consumidores con los que pueden hacer lo que quieran, por ejemplo obligarles a renovar sus productos con la periodicidad que decidan. Quizás uno de los mejores ejemplos de sistema cerrado es el ejército de cacharros tecnológicos de Apple.

Por supuesto, el otro gran perjudicado de esta historia es el medio. La obsolescencia programada no entiende de huella ecológica. Basta ver cualquier reportaje fotográfico sobre los principales vertederos tecnológicos del planeta para aproximarse a la dimensión del impacto de los residuos electrónicos. Guiyu en China es probablemente el vertedero electrónico más grande del planeta: una gran extensión de territorio, una auténtica ciudad construida sobre montañas de residuos. En Guiyu todas las reservas subterráneas de agua están contaminadas y los problemas de salud en los trabajadores que aspiran a diario los efluvios de los materiales quemados en los rudimentarios procesos de separación de componentes son asombrosos.

Por qué hablamos de obsolescencia en los objetos tecnológicos

La obsolescencia programada no solo existe en el sector tecnológico, pero es en este sector en el que alcanza quizás su plenitud. Quizás debido a la falta de control y la falta de información por parte de los consumidores, en un área de conocimiento que tradicionalmente ha sido territorio de los expertos. Quizás debido también a que los residuos tecnológicos son de los más difícilmente tratables y asimilables por su contenido en sustancias dañinas para el entorno y el ser humano.

Qué se puede hacer para no caer en las garras de la obsolescencia programada

Mantener la autonomía tecnológica es quizás el mayor logro al que puede aspirar un usuario de tecnología. Dicho de otra manera, mantener el control sobre la herramienta que es el objeto tecnológico. Esto implica de partida plantearse la necesidad de una nueva adquisición. En este sentido, es importante hacer el esfuerzo de separar el valor económico del objeto de su valor de uso: el bajo coste o incluso la gratuidad no debería ser un factor determinante a la hora de adquirir un nuevo objeto. En esta misma línea, plantearse maneras alternativas de consumo que impliquen por ejemplo propiedad comunitaria; incluso replantearse más profundamente el papel del consumidor. Los movimientos Hazlo tú mismo (Do It Yourself) o mejor aún Hazlo con otros (Do It With Others) que reúnen a todo un ejército de prosumers (productores consumidores) son una manera muy eficaz de empoderamiento, ya que implican un aprendizaje y un conocimiento que hacen evaluar realmente las necesidades por un lado, y el producto desde el punto de vista de lo que cuesta construirlo y no únicamente lo que cuesta comprarlo, rompiendo la disociación entre productores y consumidores, desterrando la figura del experto, y consiguiendo una mayor autonomía tecnológica para ellos.

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Obsoleto de hoy: Ralf Schmerberg

10 de noviembre de 2010 por paaq

Hay quien dice en España “eres más feo que una nevera por detrás”. Pues bien, Ralf Schmerberg es un artista alemán que ha plantado en pleno Gänsemarkt de Hamburgo un iglú construido con frigoríficos. 322 neveras sobre una estructura metálica de cinco metros de alto, con una panoplia de cacharros viejos en su interior. La obra se titula El Derroche es la mayor fuente de energía y, en muchos aspectos, es algo que los obsoletos siempre hemos querido hacer.

Esa pantalla a la izquierda indica cuánta electricidad está consumiendo el conjunto de la obra. Para hacerse una idea de cómo es por dentro, mejor veamos un vídeo del proceso constructivo:

Frente al sobrio e industrial exterior, el interior recuerda al taller de Kenny Irwin. Tostadoras, microondas, enanitos de jardín… hasta un masajeador de pies he llegado a ver en el vídeo. Si quieres verlo, date muchísima prisa, porque la instalación se desinstaló ayer.

Lo encontré en laslentejas, la foto es de Snurb.

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Una empresa pide al gobierno británico que suprima el IVA de las reparaciones electrónicas | 29 de junio de 2010 por skotperez

Ahora que la mitad de los miembros de Obsoletos nos sumergimos en el infinito mundo de las reparaciones automovilísticas, el trato con los talleres y las casas de recambios, vemos frecuentemente que reparar no interesa. Mucho más rentable es cambiar: ¿por qué reparar las escobillas del motor de arranque cuando se puede poner uno nuevo? Y así a todos los niveles hasta llegar a cambiar el coche. Mucho más rápido para el cliente y con un margen de beneficio mayor para todos los eslabones de la cadena.

Hay excepciones, por supuesto. La empresa británica Comtek, que se dedica a la reparación electrónica, ha pedido al gobierno de su país que elimine el IVA de las reparaciones tecnológicas. Además de la conciencia ecológica que esté moviendo a la empresa seguro que tiene que ver la manera en la que decrece su sector en cualquier país desarrollado. En cualquier caso, desde la empresa no entienden que todos los incentivos económicos estén enfocados a la compra de equipos electrónicos menos dañinos que sus predecesores.

Vía ecologiaBlog.

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Poster: lo básico sobre basura electrónica

23 de noviembre de 2009 por paaq

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente tiene en su web una estupenda colección de posters e infografías que explican temas como el consumo eléctrico, la explotación de los mares o la generación de dióxido de carbono en todo el mundo. Con versiones en PDF para imprimir y enmarcar. Es que yo soy mucho de posters. Aquí el dedicado a los residuos peligrosos, hac clic para verlo más grande:

hazardous-wastes

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Cambio de tele

5 de octubre de 2009 por paaq

bravia

Junto al contenedor de vidrio reposaban el viernes los restos de años pasados de televisión bajo los restos de -menos- futuros años de televisión. Por supuesto, no era el día de recogida municipal de muebles y electrodomésticos; sólo era el día en que alguien cambiaba de televisor.

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La crisis encoge la bolsa de la basura | 30 de septiembre de 2009 por paaq

Publican en Expansión un completo artículo sobre los efectos de la crisis en los residuos urbanos. En España estamos consumiendo menos, desechando menos, y reciclando más. Desafortunadamente, no comentan nada de basura electrónica.

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Recicla tu móvil con Tragamóvil

16 de septiembre de 2009 por admin

Hace algún tiempo comentamos la iniciativa de donatumovil.org, consistente en unos sobres prefranqueados en los que meter el aparato para, sencillamente, echarlo al buzón. Hoy hablaremos de otra campaña, más ambiciosa, promovida por los fabricantes de electrónica. Tragamóvil es una fundación que ha colocado cientos de contenedores en toda España a los que podemos arrojar nuestros viejos aparatos. Tragamóvil es un invento de Asimelec, la agrupación de empresas fabricantes, comercializadoras y distribuidoras de productos telemáticos. En Europa, las empresas generadoras de material electrónico son las responsables de su tratamiento una vez desechado, como sucede con los neumáticos o los electrodomésticos.

Tragamóvil, como buena iniciativa del siglo XXI, tiene una mascota:

Sólo comparable a Cinecito

Sólo comparable a Cinecito

También tiene un blog abandonado alojado en La Coctelera (?) y un autobús que ha recorrido España cual Barraca de García Lorca. Pero lo importante de Tragamóvil son los cienes y cienes de contenedores que han colocado, principalmente en centros comerciales, tiendas, universidades y ayuntamientos, por toda la geografía española. En su web tienen la lista de sitios donde puedes acudir a tirar tu viejo móvil en alguno de estos recipientes:

Los contenedores tienen forma de columna

Los contenedores tienen forma de columna

Y sobre todo, Tragamóvil tiene contactos tan buenos como lamentable es su mascota. Al tratarse de una iniciativa de empresas como Telefónica o Nokia, los acuerdos van desde colocar un contenedor en cada hipermercado Eroski hasta aprovechar los partidos del Atlético de Madrid para deshacerse del teléfono.

La entonces ministra de Medio Ambiente, tirando su móvil

Cristina Narbona, anterior ministra de Medio Ambiente, haciendo uso

Si escribo hoy acerca de Tragamóvil es porque esta mañana he captado por casualidad una entrevista en la radio a alguno de sus responsables. Han sido cinco minutos, y no puedo encontrar el audio para ponerlo aquí (Radio Intereconomía, a las once menos diez), pero el tipo ha dicho unas cuantas cosas muy interesantes. La primera: que Tragamóvil es una apuesta por el reciclaje, y que el 90% de los componentes de un móvil, incluyendo cables, baterías y cargadores, se pueden reciclar; y supongo que ellos van a intentarlo. Otra cosa que he podido escuchar, y son datos aterradores: en España se compran 17 millones de teléfonos móviles cada año, se cambian de media cada doce meses, y cada hogar tiene siete móviles funcionales guardados en cajones.

Tragamóvil lleva con los contenedores desde 2006, con éxito de crítica y público: el año pasado recogieron el material equivalente a nueve millones de teléfonos, que es un buen pellizco de los 20 millones de aparatos que se desecharon. Con la colocación de contenedores en lugares de paso como los centros comerciales y universidades, la cosa parece haber funcionado, y en Obsoletos nos alegramos sinceramente. Así que, funcione o no, encuentres o no la batería o el cargador, lleva toda esa basura que tienes en el cajón a un contenedor de Tragamóvil y habrás hecho algo bueno.

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Del placer de la destrucción

25 de agosto de 2009 por paaq

Navegando al azar me topé el otro día con el anuncio de un Keyboard Destruction Rumble, o sea, del solemne acto de destrozar teclados deliberadamente, y celebrarlo. Los perpetrantes Xamarzu y Mario han aplazado unos días el KDR, lo que me permite dejar aquí alguna reflexión anterior a la visión de las tripas de los aparatos.

La destrucción es un recurso típico del arte. Ya hablemos del dadaísmo o de los hermanos Chapman, el ataque físico contra objetos o piezas emocionalmente valiosas es una manera de remover ese flujo emotivo, cuestionar la validez de la relación y, por qué no, proyectar todo un arcoiris de sentimientos nuevos alrededor del odio desde las tripas del espectador hacia la reputación del artista.

El fotógrafo alemán Martin Klimas se dedica a recoger los preciosos instantes en los que las cosas explotan, se rompen, estallan, crujen.

Teléfono explotando

Teléfono atravesado por una bala

Aunque Martin Klimas se ha especializado -a juzgar por su web- en las figurillas de porcelana rompiéndose contra el suelo, tiene una serie de aparatos electrónicos tiroteados que viene mucho más a cuento para ilustrar este blog. Una pena que no haya seguido por ahí, porque la calidad técnica a la que ha llegado luego fotografiando las figurillas es excepcional.

Sin embargo, creo que recrearse en los detalles del registro visual de la destrucción de un objeto sin valor no es el tema de hoy. Estaba recordando más a aquel tipo que, nada más recibir un teléfono móvil que había comprado, rompió con un martillo el que tenía antes. El titular del acto fue: “destroza su iPhone por haberse comprado una Palm Pre“, porque los nombres de los teléfonos son importantes para comprender la historia, porque un español que no conozca de nada a este tipo piensa instantáneamente “vaya gilipollas”. En realidad, no sabemos nada de su vida ni de su gilipollez, pero sabemos lo valioso y lo bonito que es un iPhone ¿No es maravilloso? Apple deposita en cada iPhone la dosis exacta de tecnoferomonas para que la mayoría de los habitantes del planeta, excepto los japoneses, se vean atraídos por el producto.

Así pues, la destrucción de un objeto universalmente valioso podría ser interpretada como iconoclastia. La empresa estadounidense Blendtec apostó muy fuerte por esta vertiente cuando comenzó con su campaña Will it blend? (¿se triturará?) en la que ponen a prueba sus máquinas trituradoras con diversos objetos y aparatos electrónicos. Pronto descubrieron los amigos de Blendtec que destrozar un iPod daba muchas más visitas que triturar un palo de fregona. Oh, claro, no me había referido al morbo hasta ahora. Concepto extraño y difícil de describir, el morbo es la atracción sensorial hacia cosas desagradables. En internet hay casi más morbo que interés real. En menéame, la gente comenta más las noticias con las que está en desacuerdo. El morbo requiere la privacidad que proporciona un ordenador en la soledad de la habitación, a muchas de las cosas que miramos por internet -gente follando, por ejemplo- no les prestaríamos tanta atención si estuviéramos delante, en la calle. El morbo es un mecanismo para ampliar nuestro conocimiento más allá de los límites sociales o gustos personales. Fue por morbo que aquí mismo comentamos la experiencia de los hermanos mayores de Blendtec, con una trituradora industrial.

Y tras todo este rollo, ¿alguien se pregunta por qué un Keyboard Destruction Rumble? Estamos hablando de dos colegas que quedan una tarde con la sana intención de destrozar unos cuantos teclados, sacar fotos y subirlo a internet. En Obsoletos nos hemos cargado suficientes teclados como para saber que no es una actividad grata, y las teclas saltan y luego hay que limpiarlo todo. Resulta que, al menos en el caso de uno de ellos, hay motivos sólidos. Mario quiere denunciar, básicamente, que su teclado Innobo es una mierda. El post está bastante trabajado, y a nosotros no hace falta convencernos porque en casa usamos el mejor teclado que se haya fabricado, así que encuentro bastante sensata la idea de deshacerse de un mal teclado a base de violencia física.

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“Gestión de residuos tecnológicos” en el IV Congreso de la Cibersociedad

13 de agosto de 2009 por skotperez

IV Congreso de la CiberSociedad -- Crisis analógica, futuro digitalIV Congreso de la CiberSociedad -- Crisis analógica, futuro digital

La cuarta edición del Congreso de la Cibersociedad lleva tiene como nombre Crisis analógica, futuro digital. Como en sus ediciones anteriores, se lleva al extremo el concepto de cibersociedad desarrollando todo el evento en internet, sin actividad presencial alguna. Este año el Observatorio para la Cibersociedad coordina el evento con el apoyo del CitiLab de Cornella, y ha previsto seis ámbitos temáticas que engloban más de cuarenta grupos de trabajo.

Desde Obsoletos vamos a participar en la coordinación del grupo de trabajo Gestión de residuos tecnológicos junto al colectivo Lixo Electrônico y la red MetaReciclagem, ambos de Brasil. Hasta el 15 de septiembre está abierto el plazo de presentación de comunicaciones.

El grupo de residuos tecnológicos quiere abordar el problema de la acumulación de basura electrónica desde multiples enfoques. En la descripción, Dani Matielo de Lixo Electrônico, propone, una aproximación casi arquelógica a la basura que nos ha interesado especialmente. ¿En qué momento se convirte un objeto en basura? Echando la vista atrás y recorriendo su ciclo productivo podemos encontrarnos, por ejemplo, con que se diseñó para ser basura electrónica, con lo que lo era antes de nacer. Un auténtico y genuino “nacido para morir”.

Los problemas asociados con la basura electrónica ocurren en diversos momentos de su ciclo productivo, desde la etapa de diseño y producción, pasando por su consumo y uso, hasta su reciclaje y descarte. Es posible, por ejemplo, discutir el papel de los medios de comunicación especializados y de la industria de los electro-electrónicos en la construcción del concepto de obsolescencia. Esto lleva a la gente a tener la sensación de que necesitan cambiar sus portátiles, móviles, cámaras y otros equipos cada vez con mayor frecuencia.

La discusión de las comunicaciones presentadas, el debate en torno a ellas en cada grupo de trabajo se realizará entre el 12 y el 29 de noviembre. Puedes participar en el congreso desde hoy mismo, bien mandando una comunicación a cualquiera de los grupos de trabajo o bien en las distintas actividades que se proponen, basta registrarse como usuario.

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Sodai gomi, la basura en Japón

3 de julio de 2009 por paaq

Japón es un paradigma del respeto al medio ambiente y el civismo. Uno de los signos inequívocos de esta cultura cuidadosa se manifiesta en el hecho de tirar la basura. Son famosos los cuadernos municipales que se entregan a los recién llegados a una ciudad, en la que se desgranan los diferentes tipos de basura y los días y horas a las que se puede depositar (aquí el de la ciudad de Hamura a las afueras de Tokio, 1,2 megas en PDF). Para tirar un lápiz de labios en Yokohama hay que sacar los restos, que irán a incinerar, mientras que el tubo irá o en plásticos o en metales pequeños.

Algunas basuras ni siquiera se pueden desechar gratis. Es el caso de la sodai gomi, o basura grande: grandes electrodomésticos, muebles y equipos informáticos. El gato nipón explica el proceso:

hay que llamar a un número de teléfono (que viene en la hoja de basuras, normalmente) y que cambia en función de lo que se tira. Una vez informamos de lo que queremos tirar, nos cuentan cuánto dinero tenemos que pagar. Entonces, vamos a un konbini, y compramos estos ’sellos’ que veis en la foto;

sodai1
Compramos tantos como haga falta hasta completar el precio, que suele ser de 1500, 2000 yen por cada cosa… y ponemos nuestro nombre en el espacio en blanco que hay. Entonces, lo pegamos, con lo que podamos (pegamento, celo etc) sobre el chisme que tiremos. Nos quedamos con una parte recortable como justificante de pago, y dejamos la basura en el lugar de recogida el día que nos han dicho por teléfono que lo hagamos. Es decir, una auténtica pesadez que además puede llegar a salir muy cara, en función de lo que tiremos

Existe una alternativa: las llamadas “tiendas de reciclaje” cuentan con pequeños camiones que recogen los bultos en el domicilio. Pagan algo así como el 5% del valor del electrodoméstico nuevo, así que no son ningún chollo; en algunos casos incluso cobran por recoger cosas muy cutres. Es comprensible sentir que ganamos mucho menos que ellos en el trato, y preferir acudir al canal municipal por unos miles de yenes de diferencia, con la dignidad intacta y la sensación de ser un buen ciudadano. Siempre cabe la posibilidad de que después de pagar y pegar los sellos oficiales algún vecino se adelante al camión municipal.

Como el gato nipón, la mayoría de los extranjeros que llegan a Japón se muestran incómodos con tan estricta regulación y, debido al aislamiento inicial por diferencias de idioma y a unas intensas redes de comunicación entre cada nacionalidad, existe todo un tráfico de ordenadores, neveras y microondas entre los que llegan y los que se van. El transporte tampoco es sencillo, porque en Japón pocos extranjeros tienen coche. Así que una gran parte de esos jóvenes y cotizados profesionales occidentales que han ido a trabajar a Japón viven como universitarios salmantinos, rodeados de televisores y lavadoras de quinta mano. Lo paradójico es que esto sucede en uno de los países del mundo donde la electrónica es más barata.

Si buscamos las razones de esta meticulosidad con el tratamiento de residuos, lo primero que nos vendrá a la cabeza son las propias características de la sociedad nipona: obediencia y armonía. La japonesa es una sociedad colectivista en la que cada miembro actúa sin perder de vista objetivos comunes. Otro ejemplo que comentaba antes brevemente es el del automóvil: tener coche en Japón es carísimo, no por el precio de compra, sino por los impuestos y porque hay que demostrar que se posee una plaza de garaje donde guardarlo.

Y es que los japoneses son muchos y viven apretados. Con una densidad de población más de tres veces superior a la española y un terreno montañoso y poco aprovechable, el espacio público en Japón es un bien precioso. Los japoneses no usan la calle para aparcar el coche, disfrutan de los espacios de esparcimiento de miles en miles (como a la piscina donde van los Noara) y se apiñan en los trenes para acudir al trabajo. Las estrictas leyes y reglas sociales hacen posible la convivencia de tanta gente con un gran nivel de vida en tan poco sitio, renunciando a aquellos lujos que consumen espacio común, como el coche o la carne (dada la poca superficie de pasto aprovechable, es muy costoso criar ganado).

Almacenar basura es otro de los usos marginales del espacio público al que estamos acostumbrados fuera de aquellas islas. El vertedero es un lugar presente a las afueras de Madrid, de Vancouver y de Manila. Pero en un país tan densamente poblado como Japón es difícil almacenar residuos lejos de todo asentamiento humano. En los años 30, la enfermedad de Minamata, provocada por los vertidos de una factoría de abonos en esa pequeña ciudad costera, causó más de tres mil víctimas. Este artículo de Time Asia habla de otro caso más reciente, sobre casos de cáncer en las proximidades de una planta de tratamiento de residuos.

Dado que Japón es un país rico rodeado de países no tan ricos, es razonable pensar que las fuerzas del dinero sean más poderosas que las de la ley y la responsabilidad, y que la basura pudiera acabar lejos a cambio de unos cuantos yenes. En 2000 se interceptó un barco con 122 contenedores de basura industrial con destino a Filipinas. Cabe pensar que podría ser la punta de un iceberg, pero no es tan sencillo saltarse los controles portuarios en un país donde todo entra y sale por barco.

Con estas premisas, los japoneses se han convertido en los campeones mundiales de la incineración de residuos. El 80% de la basura se incinera; el mismo porcentaje que se va al vertedero en Estados Unidos. La incineración no contamina el aire si se realiza a suficiente temperatura y a partir de residuos concretos. Incluso puede proporcionar energía si se incluyen basuras más caloríficas como los plásticos, aunque los ecologistas no son partidarios de esta solución.

La incineración, el reciclaje y la reutilización son la expresión de un largo proceso que comienza en casa, siguiendo el manual de basuras del que hablábamos al principio. Si cada hogar realiza un esfuerzo en la primera etapa de separación, la sociedad ahorra en la ya cara factura ambiental del desecho de residuos. Este esfuerzo individual ha de ser socializado, por lo que se organizan brigadas vecinales para controlar e informar. Veamos un capítulo de Sinchan en el que Misae y Michi pasan una mañana dedicadas a este menester. Ojo, es día de basura inorgánica:

Visto lo visto, me pregunto cómo será una huelga de basuras a la japonesa.

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