A Alan se le ha olvidado sustituir el croma, pero el rojo pega con los cables positivos: ¿descuido o intención clara?
Alan Parekh es otro de tantos entusiastas de la electrónica que vuelca sus cacharreos en su página personal, Alan’s Electronic Projects. Además mantiene Hacked Gadgets, donde además de sus proyectos va reuniendo una base de datos de experiencias hackeras, que se nutre del foro que incluye la web.
En su página podemos encontrar manuales perfectamente detallados de hacks ya clásicos como el reloj construido con un disco duro. Quizás especialista u obsesivo de los relojes, el último hack de Alan consiste en tres polímetros análogicos, esos cacharros tan útiles arrinconados en los últimos tiempos por sus hermanos digitales, convertidos en un reloj.
Via Neatorama encontramos en Instructables el tutorial para transformar un disco de vinilo en un reloj escurrido como los que Dalí trajo de sus sueños y pintó en La persistencia de la memoria. Dijo el maestro: lo mismo que me sorprende que un oficinista de banco nunca se haya comido un cheque, asimismo me asombra que nunca antes de mí, a ningún otro pintor se le ocurriese pintar un reloj blando. Y a mí me sorprende la sencillez de este reloj.
El hack de hoy tiene estética propia; llámalo manga, llámalo tuning, llámalo hortera, llámalo pop.
Hemos descubierto el reloj de LEDs de colores y un disco duro de Ian a partir de este post de HackedGadgets, y ya estoy llorando por colgarme uno del cuello. Se trata de un disco duro con una ranura, girando a alta velocidad, tras el que unos leds de varios colores se iluminan en sincronía con la posición del disco. Ian lo explica mejor que yo, pero claro, es que ha hecho un vídeo:
Los ingredientes principales son un disco duro, unos leds multicolores ultrabrillantes, un sensor de posición y un PIC. Al disco duro se le retiran todos los discos menos el superior, al que se practica un fino corte siguiendo el radio con la dremel. Alrededor del hueco que han dejado los demás discos se sitúan los leds. El sensor de posición es magnético, como el de los cuentakilómetros de las bicicletas, y mide la velocidad de giro del disco: unas 90 vueltas por segundo. El PIC lee el tiempo que tarda el disco en dar una vuelta, lo divide en franjas, y enciende los leds que correspondan en cada franja, que al ser recorrida por la ranura nos permite ver la luz que hay debajo. A partir de ahí es nuestro cerebro el que, incapaz de distinguir cada uno de los pequeños destellos radiales de color, los mezcla todos dándonos la impresión de continuidad.
Así podemos hacer un bonito reloj, que es la aplicación más obvia, pero también se puede usar para generar gráficos de tarta, barras de progreso y cualquier tipo de gráfico unidimensional.
El mayor problema de este aparato es el ruido que genera, demasiado molesto para tenerlo como reloj en la habitación. En la última versión, Ian ha añadido una tapa de metacrilato para amortiguar el ruido sin afectar a la luz. Además, una pequeña pantalla LCD monocroma proporciona datos sobre el funcionamiento del sistema sin tener que conectarlo a un ordenador: revoluciones por minuto, programa en ejecución, etc. En definitiva, un gadget muy chulo al que intentaremos meter mano tras los talleres que vamos a celebrar en MediaLab en unos días. Uy, se me ha escapado.
Crisis en los mercados, resaca en nuestras cabezas tras pasar la noche en blanco, pero aquí seguimos. A pesar de su terrible web, los chicos de Revolve parecen buena gente. Se dedican a fabricar y vender sencillos objetos personales a base de materiales de desecho, tal que placas de circuitería o botellas de plástico.
Obsoletos es un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación de residuos tecnológicos.
Este blog es el espacio en el que el equipo de Obsoletos volcamos nuestras ideas, referencias y pensamientos en torno al mundo de la tecnología y la reutilización.
También queremos usar este espacio para dejar constancia de en qué nos gastamos la pasta, porque consideramos que el dinero público es algo muy importante y, la verdad, aún no sabemos qué coño hicieron con ciento cuarenta mil eurazos los tipos de las Keli Finder.