Isaac Asimov, como muchos escritores de ciencia ficción de su generación, nunca estuvo interesado por los ordenadores, hasta el punto de que el único que poseyó fue un regalo que le duró muchos años:
Puede que el lector piense que, ahora que tengo un ordenador y que estoy al corriente con los tiempos modernos, la gente ya me deja en paz, pues no. A la velocidad que progresan estos aparatos, el mío, que tiene nueve años, resulta medieval. De hecho, ya no se fabrica.
El gráfico compara el precio de lanzamiento al mercado de varias tecnologías en dos momentos, cuando apareció el dispositivo y en la actualidad. Expresa lo que todo el mundo sabe: que la tecnología va disminuyendo su precio conforme se consolida, aumenta la demanda, se generaliza su consumo… Es interesante ver la traslación de lo que supondrían los precios de entonces ahora.
Francamente, no sé en qué gastaron cuatro horas mis compañeros el pasado viernes. A las niñas del Colegio Kennedy en Mazatlán les lleva siete minutos montar un ordenador:
Un tipo australiano encuentra en una tienda viejas placas y tarjetas de ordenadores. Se las compra a un dólar -australiano- cada una, y dedica las siguientes semanas a montarse un 8080 que corre CP/M. Old school.
Como él mismo dice, el disquete desde el que arranca es un poco lento. Eso que ejecuta al final es Zork, una aventura conversacional que ya era para frikis hace tres décadas. Hoy, puedes jugar al Zork online.
Por cierto, no tan lento. En un minuto diez, que es lo que dura el vídeo, mi ordenador actual no tiene tiempo a arrancar y ejecutar el Civ3 ni de coña.
Obsoletos es un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación de residuos tecnológicos.
Este blog es el espacio en el que el equipo de Obsoletos volcamos nuestras ideas, referencias y pensamientos en torno al mundo de la tecnología y la reutilización.
También queremos usar este espacio para dejar constancia de en qué nos gastamos la pasta, porque consideramos que el dinero público es algo muy importante y, la verdad, aún no sabemos qué coño hicieron con ciento cuarenta mil eurazos los tipos de las Keli Finder.