Mercado de Obsoletos

29 de Octubre de 2012 por skotperez

Mercado de obsoletos… éste es el término que nos encargaron definir para un glosario hace unos meses. Ante el ambiguo y sugerente término, y tras superar nuestra perplejidad, entregamos el siguiente textito acompañado de la imagen demandada. Aquí os lo dejamos:

Podemos imaginar una línea horizontal que representa la utilidad de un producto: a un lado, podemos convenir el izquierdo, el objeto perfectamente útil, que cumple su función sin rechistar; en el opuesto el mismo objeto inútil ya, convertido en desecho. Cada interesado, incluso inconscientemente, puede imaginar el lugar donde debería estar el umbral en que un objeto útil se convierte en desecho.

La industria y el mercado también realizan este ejercicio siguiendo sus intereses que son exclusivamente de rentabilidad económica. Además emplean gran esfuerzo en imponer su umbral como universal, como el único. Prueba de ello son los mecanismos de obsolescencia programada que permiten limitar la vida útil de los productos y proporcionarle así unos beneficios cada cierto tiempo.

En las sociedades en las que funciona aún una cultura de la reutilización y una economía de la reparación, el umbral social que define la transformación de un objeto útil en desecho, coincide con el que marca el mercado; además está a una distancia considerable del límite izquierdo que representa el objeto recién nacido. En estas sociedades reparar es rentable económicamente, mucha gente vive de ello, tan rentable o más que fabricar objetos nuevos, y la reutilización está en el ADN social.

La economía de escala abarató los costes de producción y transporte, los productos de usar y tirar desterraron la necesidad de la reparación y la industria consiguió desplazar el umbral considerablemente hacia la izquierda, reduciendo la vida útil de los productos. Con el tiempo la cultura de la reutilización se fue extinguiendo. Así, la industria consiguió establecer su criterio casi como el único.

El nivel de democratización de los medios de producción que experimentamos con la tecnología actual, y la capacidad de compartir conocimiento y comunicarse que permite internet han provocado que a la industria le resulte mucho más difícil imponer su umbral. Por otro lado, han propiciado la formación de islas de utilidad en el tramo que define el mercado como desecho, por así decirlo, de manera que la frontera entre utilidad y desecho se desdibuja y se vuelve variable.

En este último escenario cada vez existen más herramientas que permiten desplazar el umbral, permitiendo a cada cual decidir según sus necesidades dónde situarlo. Éste se puede definir en función del tiempo que se quiera invertir en un objeto, de lo que nos importe su impacto ecológico o de cualquier otro factor que nos interese, ya no tiene por qué ser la rentabilidad económica la que decida. Bienvenidos al nuevo mercado de obsoletos.

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Obsolescencia programada en tierras de la tecnología apropiada

16 de Noviembre de 2011 por skotperez

Hace unos meses estuve pasando una temporada en Chiapas, en el sur de México; allí tuve la oportunidad de entrar en contacto con el movimiento zapatista y comprobar cómo lidian en las comunidades indígenas con la tecnología. Tienen un amplio sentido de la tecnología apropiada, y conciencia plena de cada solución tecnológica que adoptan.

Un amigo que está trabajando con las comunidades zapatistas, me pidió un textito que hiciese un recorrido rápido y completo al tema de la obsolescencia programada. Lo compartimos ahora aquí en el blog:

Sabías que la tinta de las impresoras es uno de los líquidos más caros del mundo, probablemente el producto más caro que se vende al consumidor de a pie. Sabías que las bombillas incandescentes fueron fabricadas en un principio para durar más de cien años. Estos dos fenómenos son ejemplos de los mecanismos que se agrupan dentro de lo que se conoce como obsolescencia programada.

Qué es eso de la obsolescencia programada

La obsolescencia programada consiste en una serie de mecanismos que permiten a las empresas controlar la vida útil de los productos que fabrican, acortándola según les convenga en cada caso para asegurarse unas ventas determinadas.

Qué beneficios trae la obsolescencia programada a las empresas

Los objetos tecnológicos, como muchos otros productos de consumo, no solo generan beneficio económico cuando son vendidos tras ser fabricados, adquieren un nuevo valor cuando se convierten en residuo, así que acortar su vida útil permite a las empresas obtener más rápidamente un doble beneficio. Por un lado, el consumidor tendrá que reemplazar el producto que ha comprado con una periodicidad mayor, y por otro al convertirse el producto en residuo la empresa también obtiene un beneficio directo al venderlo como material de desecho.

El recorrido global de los residuos tecnológicos

Esta reencarnación de los productos en residuos es beneficiosa económicamente debido a las diferentes legislaciones que regulan el tratamiento de los residuos tecnológicos en el mundo. Los países con normativa más estricta, que coinciden con lo que conocemos como primer mundo se aprovechan de la existencia de regulaciones más laxas o la desrregulación total que pueden encontrar en otros países, generalmente en lo que conocemos como tercer mundo. La gestión y recuperación informal de residuos es un importante sector económico en países como India, China y varios países africanos. Las empresas del primer mundo prefieren vender sus residuos a estos países, en vez de gastar dinero en deshacerse de ellos de la manera que dicta la normativa de residuos en sus países. De esta manera, los productos se venden al menos dos veces, una como bien de consumo y otra como residuo.

Cuáles son los problemas de acortar la vida de los productos

Evidentemente los primeros perjudicados son los bolsillos de los consumidores que tienen que vaciarse con mayor frecuencia. Sin embargo quizás sean más comprometedores a largo plazo para los consumidores los recortes de libertad que sufren. Cualquier mecanismo de obsolescencia programada implica un recorte de libertad para el consumidor, necesario para que la empresa pueda tener controlado el producto y en los casos más elaborados también al consumidor.

Volvamos a la tinta de las impresoras. Comprar una impresora doméstica último modelo no cuesta más de cincuenta dólares americanos. El problema viene cuando se acaba la tinta y descubrimos que comprar un nuevo cartucho cuesta más que la propia impresora, lo que convierte estos artefactos en impresoras de usar y tirar. Podemos definir esta situación como económicamente fastidiosa, pero cualquier consumidor que mire su dinero no se comprará más de una impresora de esta tipo.

Los mecanismos de obsolescencia programada mejor diseñados no dejan escapar al consumidor tan fácilmente, en cambio se esfuerzan en crear usuarios cautivos. Cada vez más las empresas se aseguran de que cuando un consumidor adquiere uno de sus productos se vuelva dependiente de un sistema que ellas controlan. Dentro de estos sistemas cerrados es incómodo, a veces realmente difícil, funcionar si no se siguen las reglas internas que marca el fabricante. Los sistemas cerrados no son en sí mismos un mecanismo de obsolescencia, pero sí crean consumidores cautivos, consumidores con los que pueden hacer lo que quieran, por ejemplo obligarles a renovar sus productos con la periodicidad que decidan. Quizás uno de los mejores ejemplos de sistema cerrado es el ejército de cacharros tecnológicos de Apple.

Por supuesto, el otro gran perjudicado de esta historia es el medio. La obsolescencia programada no entiende de huella ecológica. Basta ver cualquier reportaje fotográfico sobre los principales vertederos tecnológicos del planeta para aproximarse a la dimensión del impacto de los residuos electrónicos. Guiyu en China es probablemente el vertedero electrónico más grande del planeta: una gran extensión de territorio, una auténtica ciudad construida sobre montañas de residuos. En Guiyu todas las reservas subterráneas de agua están contaminadas y los problemas de salud en los trabajadores que aspiran a diario los efluvios de los materiales quemados en los rudimentarios procesos de separación de componentes son asombrosos.

Por qué hablamos de obsolescencia en los objetos tecnológicos

La obsolescencia programada no solo existe en el sector tecnológico, pero es en este sector en el que alcanza quizás su plenitud. Quizás debido a la falta de control y la falta de información por parte de los consumidores, en un área de conocimiento que tradicionalmente ha sido territorio de los expertos. Quizás debido también a que los residuos tecnológicos son de los más difícilmente tratables y asimilables por su contenido en sustancias dañinas para el entorno y el ser humano.

Qué se puede hacer para no caer en las garras de la obsolescencia programada

Mantener la autonomía tecnológica es quizás el mayor logro al que puede aspirar un usuario de tecnología. Dicho de otra manera, mantener el control sobre la herramienta que es el objeto tecnológico. Esto implica de partida plantearse la necesidad de una nueva adquisición. En este sentido, es importante hacer el esfuerzo de separar el valor económico del objeto de su valor de uso: el bajo coste o incluso la gratuidad no debería ser un factor determinante a la hora de adquirir un nuevo objeto. En esta misma línea, plantearse maneras alternativas de consumo que impliquen por ejemplo propiedad comunitaria; incluso replantearse más profundamente el papel del consumidor. Los movimientos Hazlo tú mismo (Do It Yourself) o mejor aún Hazlo con otros (Do It With Others) que reúnen a todo un ejército de prosumers (productores consumidores) son una manera muy eficaz de empoderamiento, ya que implican un aprendizaje y un conocimiento que hacen evaluar realmente las necesidades por un lado, y el producto desde el punto de vista de lo que cuesta construirlo y no únicamente lo que cuesta comprarlo, rompiendo la disociación entre productores y consumidores, desterrando la figura del experto, y consiguiendo una mayor autonomía tecnológica para ellos.

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Marvin Harris y la obsolescencia planificada

27 de Agosto de 2008 por paaq

En 1981 el antropólogo estadounidense Marvin Harris, tras 30 años estudiando tribus perdidas en los montes de Papúa, analizó su propia cultura, la norteamericana, en un librito del que traigo las páginas dedicadas al tema de la obsolescencia planificada. En esa época el mercado de electrónica doméstica estaba en pañales; el único producto electrónico personal de uso común era el novedoso reloj de cuarzo. Por tanto, Marvin Harris habla más de lavadoras y televisores que de ordenadores o consolas. Éstos han añadido muchas dimensiones al concepto de obsolescencia planificada, pero el texto de Harris es una magnífica base para comenzar a comprender el tema:

Creo que el mejor indicio de la falta de preocupación por los problemas de calidad entre el personal directivo estadounidense es el hecho de que los datos sobre el “ciclo vital” de los productos de consumo sean prácticamente inexistentes. Sólo si se siguen los productos a través de su “ciclo vital”, desde el nacimiento hasta la muerte, y bajo condiciones reales de uso, se puede conocer exactamente con qué frecuencia se avería un artículo, qué tipo de reparaciones necesita, cuánto le cuestan las reparaciones al consumidor en tiempo y dinero, y cuánto tiempo lo puede utilizar antes de tener que deshacerse de él. Debido a este desinterés de los directivos por los estudios sobre el “ciclo vital” de los productos, no es exageración afirmar que los consumidores no son los únicos a quienes se les ha ocultado la calidad real de los productos que compran, porque hasta los propios fabricantes están casi tan mal informados como ellos. Cuando los fabricantes han tratado de descubrir el tiempo de duración de sus productos, sólo lo han hecho para asegurarse de que no se fueran a averiar durante el período de garantía. (A este respecto, los teléfonos y otros equipos que se que explotan en régimen de alquiler constituyen una excepción, puesto que es el fabricante quien debe cargar con el costo de sustituirlos.) Pero incluso en lo que se refiere a período de garantía, los fabricantes rara vez disponen de información sobre cuánto le costará al consumidor el defecto en términos de molestias, tiempo y dinero gastado en cartas, llamadas telefónicas y desplazamiento hasta los centros de servicio.

Pero los fabricantes estadounidenses fueron más allá de la despreocupación por las características del “ciclo vital” de sus productos. También desarrollaron de forma simultánea la técnica de marketing conocida como “obsolescencia planeada”. En consecuencia, ¿no se puede afirmar que la chapucería no sólo ha sido tolerada, sino incluso bien recibida como medio de aumentar la rentabilidad a corto plazo? ¿No fue acaso después de la Segunda Guerra Mundial cuando los fabricantes estadounidenses empezaron a sacar cada año nuevos modelos de aspiradoras, batidoras y máquinas de coser? La lista puede ampliarse indefinidamente, hasta incluir cuadernos y sujetapapeles. Aunque estos nuevos modelos venían a veces dotados de importantes avances tecnológicos, tales como los programas automáticos en lavadoras y secadoras, la mayoría sólo consistía en cambios de fachada o en la inclusión de elementos accesorios de dudoso valor. A las aspiradoras les ponían ruedas accionadas por motor; a los frigoríficos, puertas, compartimentos y bandejas suplementarios. Los tostadores llevaban servomotores para introducir automáticamente la rebanada de pan; los ventiladores venían con termostato; las lavadoras, secadoras y batidoras cada vez tenían más diales y botones de control; en las cocinas se implantaban cronómetros, relojes y molduras cromadas.

La obsolescencia planeada explota la fe del consumidor en que cuanto más nuevo sea un producto, mejor funcionará. Los norteamericanos, a causa de su debilidad por todo lo joven y lo nuevo y su generalmente optimista visión del futuro, eran un blanco fácil para esta estrategia.

Por supuesto, la obsolescencia planeada no es necesariamente lo mismo que el fallo deliberado en los productos. Una cosa es engatusar a la gente para que crea que un nuevo modelo “está perfecccionado” por el simple hecho de ser más moderno, y otra muy diferente manipular a propósito el nuevo modelo para que se averíe más pronto que los anteriores. Como era de esperar, los ingenieros y diseñadores niegan con toda firmeza la posibilidad de que exista el fallo planeado en los productos. Sin embargo, no hay que invocar una conspiración deliberada para mostrar que existe una relación entre la obsolescencia planeada y la plaga de los artículos de pacotilla.

¿Se puede acaso negar que sin una enérgica acción correctora, la técnica de cambiar los modelos por el sencillo método de añadir piezas a lo único que dará lugar es a índices crecientes de fallos en los productos? Esto no sólo se desprende de la Ley de Murphy, sino de lo que los ingenieros consideran como el principio básico del control de calidad, a saber, que el índice de seguridad de cualquier aparato o estructura no es la media sino el producto de los índices de seguridad de sus diferentes partes componentes. Esto requiere una explicación. Supongamos que un aparato tiene dos componentes, cada uno de los cuales falla previsiblemente por término medio en una de cada cien unidades por año. Cada componente tiene, por tanto, un índice de seguridad de 0,99 por año. Pero según las leyes de probabilidad, la seguridad del aparato no será de 0,99, sino de 0,99 × 0,99, es decir, 0,98. Al considerar diez componentes con un índice de 0,99, la seguridad del producto desciende a 0,90, y si hay cien, se reduce a un catastrófico 0,37. En otras palabras, sin un esfuerzo concertado de ingeniería, diseño y producción encaminado a compensar las adiciones y accesorios que se utilizaron para crear la impresión de que los modelos del año anterior se han vuelto obsoletos, la inferior calidad de los nuevos productos se convierte en una certeza virtual. Por ejemplo, las lavadoras último modelo tienen de 18 a 24 programas de lavado, de 10 a 14 pulsadores, de 3 a 5 niveles de temperatura y 2 o 3 velocidades diferentes. “Cuando se suman todas esas cosas”, comenta John Petersen, director nacional de servicios de la Montgomery Ward and Company, “el índice de fallos por fuerza ha de ser mayor”.

Admitamos que probablemente se hayan dado pocos casos de órdenes específicas por parte de altos ejecutivos a diseñadores e ingenieros para que garantizasen el fallo de un producto en una fecha determinada. Es más probable que la dirección diera instrucciones a los diseñadores e ingenieros para que se asegurasen de que un producto no fuera a fallar antes de una fecha determinada, la especificada en la garantía del fabricante (o en el caso de elementos que pudieran constituir un riesgo de seguridad, el período especificado por las leyes de seguridad de los productos de consumo). De este modo, cuando se averiaba un producto después de caducar el plazo de garantía, técnicamente nadie podía decir si la dirección así lo había planeado. El veredicto es, pues, que si los fabricantes de los Estados Unidos no conspiraban de hecho con sus ingenieros y diseñadores para lograr que sus productos se hicieran pedazos, el uso de la obsolescencia planeada y el descuido de los datos cualitativos sobre el ciclo vital vinieron a surtir el mismo efecto.

Marvin Harris – La cultura norteamericana contemporánea

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Planned Obsolescence with Annie Leonard

19 de Junio de 2008 por skotperez

Hace unas semanas intentábamos explicar en qué consistía la obsolescencia planificada, y tardábamos unos cuantos párrafos. La chiquilla de The Story of Stuff, Annie Leonard, lo hace con unos dibujinchis en menos de un minuto ¿Alguien da más?

Venga, los que no os queráis leer las chapas que soltamos en obsoletos dadle al play, que son 52 segundillos.

Ahora que habéis visto el vídeo os puedo decir que al otro lado de la ventana está Nápoles.

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Planned obsolescence

4 de Junio de 2008 por skotperez

Planned obsolescence (also built-in obsolescence in the United Kingdom) is the process of a product becoming obsolete and/or non-functional after a certain period or amount of use in a way that is planned or designed by the manufacturer. Planned obsolescence has potential benefits for a producer because the product fails and the consumer is under pressure to purchase again, whether from the same manufacturer (a replacement part or a newer model), or from a competitor which might also rely on planned obsolescence.

[…]

For an industry, planned obsolescence stimulates demand by encouraging purchasers to buy again sooner if they still want a functioning product. […] There is, however, the potential backlash of consumers who learn that the manufacturer invested money to make the product obsolete faster; such consumers might turn to a producer, if any, which offers a more durable alternative.

Planned obsolescence, Wikipedia in english.

Que la industria y las empresas planifican la vida útil de sus productos no es una novedad, como tampoco lo es que gracias a ir recortando esta vida útil incrementan sus beneficios cuantiosamente. También es evidente que estas estrategias en las que la actualización de productos y servicios es obligatoria para el consumidor hace que muchos no puedan sostener el ritmo que marcan las empresas, quedandose sin servicio de mantenimiento, sin piezas de recambio, sin actualizaciones de software… obsoletos, en definitiva.

Las estrategias para conseguir la obsolescencia son cada vez más complejas hasta el punto de que la mayor parte de las empresas tienen un departamento dedicado a su planificación. Leyendo las estrategias para conseguir la obsolescencia en el artículo de la Wikipedia me ha llamado la atención la absurdez de la que llaman Notification Obsolescence. Básicamente consiste en que el objeto queda obsoleto cuando te lo dicen; a veces es el propio objeto el que se queja:

Some companies have developed a very sophisticated version of obsolescence in which the product informs the user when it is time to buy a replacement. Examples of this include water filters that display a replacement notice after a predefined time and disposable razors that have a strip that changes colour. If the user is notified before the product has actually deteriorated, planned obsolescence is the result. In this way obsolescence can be introduced without going to the expense of developing a new replacement product.

Desde nuestro punto de vista lo interesante de la obsolescencia planificada es precisamente su planificación. Las empresas pueden llegar a planificar la muerte de un producto a varios años vista. Por supuesto, en la mayoría de los casos, estas políticas son secretísimas. Pero toda planificación se puede contraplanificar y eso es lo interesante.

Imaginaos que cuando las cintas de vídeo estaban desapareciendo en pro de la mayor calidad que ofrecía el entonces nuevo soporte DVD alguna empresa hubiese planificado un aprovechamiento masivo de las carcasas, desarrollando una idea y comercializándola. La consecuencia es que la empresa habría hecho dinerillo. Pero quizás si estas contraplanificaciones para aprovechar algún producto obsoleto se extendieran la obsolescencia no sería tan rentable para las empresas y no estaría tan extendida.

Nosotros, como reutilizadores de objetos obsoletos, intentamos hacer ejercicios de previsión. Os planteamos uno: ¿Qué pasará con las pantallas LCD tras el lanzamiento de Windows 7?

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