Si vives en un hotel, pueden entrar en tu habitación

20 de julio de 2009 por paaq

Hace meses que el Kindle, el libro electrónico de Amazon, ocupa algo de espacio en las carteras de los estadounidenses, y mucho más en los periódicos del todo el mundo. Aquí somos algo escépticos sobre el futuro del libro electrónico, aunque también he podido ver unos cuantos de estos aparatos en el metro madrileño y me han parecido más cómodos de lo que pensaba.

El gran problema del Kindle, como ya apuntábamos, no es su usabilidad ni su concepto de producto, sino lo cerrado que está. La comunicación entre el Kindle y el resto del mundo está en manos de Amazon, pues se centraliza en la llamada Whispernet a la que se accede mediante una red inalámbrica creada para la ocasión. Amazon, que al fin y al cabo es una librería, incluso ha creado una aplicación para que los usuarios de un iPhone puedan acceder a los contenidos del Kindle. Así pues, la batalla tiene los dos frentes del hardware y el software, y Amazon quiere controlar ambos.

¿Qué problema puede haber? Al fin y al cabo, muchísima gente usa iTunes para actualizar la música en su reproductor portátil. O almacenan sus mails en servicios como Gmail, que te dan gratis lo que otros no pueden darte ni pagando. Confiamos a la nube partes importantes de nuestra vida privada, esperando honradez y, por qué no decirlo, que nadie en Google esté tan aburrido como para entretenerse leyendo mi correo personal. Podrían hacerlo sin que nadie se enterara, ¿no? Podrían filtrar todos los mensajes que terminen con un “te quiero” y elaborar en 0,22 segundos una colección de mil millones de cartas de amor. Pero no lo hacen, porque en internet uno vale tanto como la reputación que tiene.

Bien, pues Amazon lo ha hecho. De un día para otro, nos ha proporcionado a los defensores del open source el argumento más espectacular contra productos como el Kindle: la empresa ha borrado todas las copias de los libros de George Orwell 1984 y Rebelión en la granja que habían comprado los usuarios. Como suena: Amazon accedió a todos los aparatos que guardaban un par de libros en su memoria, y borró todas esas copias remotamente sin pedir permiso al comprador ¡y esos libros eran 1984 y Rebelión en la granja! Es tan redondo que parece ficción.

Por supuesto, se ha armado la marimorena. Desde los foros de Amazon donde surgió la noticia, hasta los gurús que la comentan esta mañana: David Pogue (qué gran titular: algunos libros son más iguales que otros) o Enrique Dans. La noticia en Ars Technica es más extensa y recoge las declaraciones de la librería con los motivos por los que borró los libros: básicamente, por un problema de derechos. Dicen que los libros fueron añadidos a la biblioteca del Kindle por una tercera parte que no poseía el copyright, y que todos los usuarios afectados han visto crecer su saldo en el dólar que costaba cada archivo. Vale, pero, como dice David Pogue, si un vendedor del Corte Inglés te vende un libro que no debería, no entra en tu casa de noche para llevárselo dejando un billete encima de la mesa.

Amazon ha prometido no volver a borrar contenido de los Kindles sin pedir permiso, que no lo van a hacer nunca-nunca-nunca, y que para eso van a cambiar el sistema, que actualmente incluye el borrado remoto como una funcionalidad más. Espera… ¿la red del Kindle fue diseñada para poder borrar un libro de todos los aparatos que lo tienen con sólo pulsar un botón? ¿Qué otras “funcionalidades” descubriremos?

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La informática hace más de treinta años (I)

5 de abril de 2009 por paaq

He encontrado por casa de mis padres un librito de 1977 editado por la UNED y titulado Fronteras de la ciencia. Recoge sendas introducciones a disciplinas que sólo por entonces comenzaban a ser conocidas: bioquímica, ecología e informática.

Comparando los conceptos que presentan, es la ecología la que más ha calado en el acervo popular, pero nosotros vamos a lo nuestro. Los autores de los capítulos dedicados a la informática son Alberto Kubusch López, ingeniero industrial con experiencia en RENFE y en el INI, y Luis de Cárdenas Cobián, teleco y con pasado en empresas como ITT y Nixdorf. Ambos ingenieros daban clase en la Escuela de Informática de Madrid (de la que el viejo informático ya narró los orígenes) y la mayor parte de su colaboración en el libro describe la arquitectura, funcionamiento y posibilidades de los ordenadores.

Sin embargo, el capítulo 5, titulado El mercado de la informática, nos retrotrae a un mundo de máquinas inmensas de millones de pesetas, desarrolladas y fabricadas por empresas americanas, japonesas y europeas como soluciones integrales -hardware, software y asistencia- todas incompatibles entre sí. Nos saltaremos el primer punto del capítulo, sobre la historia de la informática, y pasamos al segundo: Características de la industria de los ordenadores electrónicos. Es nuestra lectura de hoy:

La industria informática, o de los ordenadores electrónicos, muestra una serie de características típicas que le diferencian de otras industrias y le confieren un carácter singular; podrían citarse como más importantes las siguientes (el orden en que aparecen no implica juicio de valor sobre su importancia respectiva):

a) Rapidez de cambios tecnológicos.
b) Enormes costes de investigación.
c) Altos gastos de comercialización.
d) Problema de financiación de las ventas.
e) Enorme preponderancia de una firma suministradora.
f) Rapidez de crecimiento.

Parece interesante comentar más extensamente los puntos anteriores.

a) Rapidez de cambios tecnológicos.

Tal como ya se ha indicado en el punto anterior, los ordenadores electrónicos, desde el momento de su aparición, han evolucionado de forma ininterrumpida, tanto en lo que se refiere a los componentes utilizados para su fabricación -válvulas, transistores, circuitos integrados-, como en lo que se refiere a las facilidades ofrecidas para su utilización; ambos aspectos se aúnan para conferir a estos equipos prestaciones siempre crecientes sin aumento paralelo en el precio.

Lo anterior determina la rápida obsolescencia de los equipos; los usuarios advierten que su equipo “se queda antiguo”, lo que aconseja su sustitución más o menos inmediata por otro más moderno. El alquiler, práctica usual de adquisición de estos equipos, favorece, por su parte, estos cambios.

b) Altos costes de investigación.

Como consecuencia del punto anterior, las firmas fabricantes de equipos informáticos se ven obligadas a mantener unos elevados costes de investigación so pena de mantener en el mercado equipos superados por los de la competencia.

Merece resaltar que una parte cada vez mayor de los costes de investigación son atribuibles al desarrollo del software, en un esfuerzo por tratar de ofrecer al usuario, al margen de las calidades hardware del equipo, las mayores facilidades para la resolución de los problemas.

En cualquier caso, el desarrollo de un nuevo modelo o serie de ordenadores puede tener unos gastos de varios miles de millones de dólares; este coste repercutirá fuertemente en el precio del equipo, a no ser que la producción futura del mismo -determinada lógicamente por la mayor o menor aceptación del modelo en el mercado- sea verdaderamente importante.

c) Enormes gastos de comercialización.

La industria informática se caracteriza por unos gastos de comercialización muy elevados, originados por una parte por los propios esfuerzos de la venta (el mercado informático es tremendamente agresivo) y por otra parte los altos costes derivados de los servicios, altamente especializados, que deben darse al cliente para poner en marcha los equipos que fueron vendidos y las aplicaciones para los que lo fueron.

Todo ello determina que el precio a que haya de vernderse el equipo sea casi el doble que su coste real de producción (en el que se incluyen los gastos de investigación), sin que este margen suponga en la mayor parte de los casos unos beneficios demasiado elevados.

d) Problema de financiación de las ventas.

Aproximadamente un 70 por 100 de los ordenadores electrónicos, son adquiridos en régimen de alquiler, es decir que el suministrador recibe del cliente mensualmente una cantidad que, solo al cabo de ser abonada durante una serie de meses (normalmente entre 30 y 40 meses), llega a cubrir el coste del equipo. Ello lógicamente origina problemas financieros realmente importantes para las distintas firmas suministradoras.

e) Enorme preponderancia de una firma suministradora; IBM.

A nivel mundial, pocos sectores industriales registran una preponderancia tan enorme de una sola firma, como en el caso del sector informático, donde la firma IBM (International Bussiness Machines) domina más del 60 por 100 del mercado mundial. Este predominio origina de hecho una situación cercana al monopolio.

Dada la influencia cada vez mayor que la informática tiene en el desarrollo de una serie de industrias, algunas de interés estratégico, los países europeos y japón han sentido la necesidad de favorecer y fomentar la creación de industrias nacionales en los respectivos países, que puedan competir, siquiera en forma mínima, con la potente industria americana.

f) Rapidez de crecimiento.

Como ya se comenta con mayor grado de detalle en el punto V.3, la industria informática ha tenido, desde su aparición, un crecimiento verdaderamente espectacular, pudiendo estimarse la tasa de crecimiento acumulativo anual en un 20 por ciento.

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Cómo funcionaban los ordenadores

20 de agosto de 2008 por paaq

En la web de David Guy he encontrado un libro bastante majo: How It Works… The Computer. Está escaneado y subido página a página, por lo que puedes leerlo en la propia web en diez minutos. Esta labor de liberación de cultura es muy completista: han escaneado y subido las ediciones de 1971 y la de 1979, mostrando las diferencias entre ellas. Ya la tipografía en la portada nos dice mucho (tengo entendido que esas letras con trazos gordos y finos de la primera edición era las usadas en los primeros sistemas OCR, pero igual me estoy columpiando), o las máquinas en exquisito plástico blanco del 79, muy a lo Dieter Rams, comparadas con los escritorios de oficina de madera con botones de principios de década.

Una curiosidad: las páginas dedicadas a trazar el futuro de la informática tienen el mismo texto, salvo una frase, y sólo cambian una parte del dibujo: donde en 1971 hay un microcircuito, en 1979 hay un microprocesador. El resto es idéntico -básicamente, que los ordenadores se usarán cada vez más en lo mismo que ya se usan- lo que demuestra que durante esos ocho años no se preveía la revolución de los ordenadores personales. Y de aquellos polvos, de aquella falta de previsión, estos lodos obsolescentes.

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