Es noticia en el Mundo, ABC o el País y por supuesto ya está meneado, pero yo lo he visto primero en yahoo. A partir de 2012 el cargador de los teléfonos móviles será universal, es decir, habrá una cosa absurda menos en el planeta.
El método de almacenamiento y recuperación de información en discos es similar a tocar un álbum en su tocadiscos. La información, como una canción específica de un álbum, está almacenada en los discos a lo largo de círculos concéntricos denominados pistas. La cabeza de lectura/grabación de la unidad de discos, semejante a la aguja de un tocadiscos, retrocede y avanza de una pista a otra a medida que el disco gira. Mientras se mueve la cabeza, el DOS encuentra información para recuperar o localizar un lugar en el disco donde almacenar la información.
Así se explica cómo funciona un disco de datos en el manual IBM. Utilización del DOS 4.00, que nos encontramos en un contenedor cualquiera hace tiempo. Es un tomo de más de trescientas páginas sobre todo lo que se podía hacer con ese sistema operativo. Se publicó en 1988 encuadernado con anillas y se vendía junto a una copia en dos disquetes del sistema operativo. Es de la época en que los manuales venían preparados para sacar una de las hojas y ponerla bien cerca del teclado mientras probabas el comando que estabas estudiando; la época en la que las ilustraciones eran bellos y sencillos dibujos a línea. Nostalgia de diseñador.
Si hay una tecnología que se está extinguiendo ahora mismo, que se va desechando lenta pero inexorablemente, esa es la del puerto paralelo. Y es una lástima. No sólo porque este conector ya estuviera presente en el primer PC que fabricó IBM en 1981, también porque el puerto paralelo ha sido uno de los mayores aliados del hacking. Con sus 25 pines, no es precisamente el conector más discreto que puedes encontrar en un ordenador . Ni el más rápido. Pero tiene una cosa que lo hace muy atractivo para el aficionado: Es muy fácil de usar. Casi trivial.
El puerto paralelo según Wikipedia
Básicamente, lo que podemos hacer con estos pines es ponerlos a 0 o 5 voltios. A voluntad. Puede que esto no parezca gran cosa, pero es suficiente para activar un relé que, a su vez, active una radio, una bombilla, una lavadora, etc. Así que va a permitir, de una manera muy directa, que nuestro ordenador manipule el mundo exterior.
O sea, lo mismo que un microcontrolador como Arduino. Sólo que, claro, no tienes que gastarte 30 pavos en el dichoso Arduino y la potencia y la memoria del PortatilQueTeRegalóTuTíoPorqueEstáViejoYDeTodasFormasIbaATirarlo siguen siendo cientos de veces mayores que las de cualquier micro que puedas comprar con dinero. Cierto que un Arduino cabe en la palma de la mano, pero para “aplicaciones estáticas” (esto es, para chismes que no tengan que ir cosidos a la ropa o bajo el sillín de una bici) yo diría que usar directamente el puerto paralelo es bastante más práctico.
Pero empecemos por el principio. Para ir cogiéndole el tranquillo a esto te propongo empezar con unos sencillos juegos de luces como estos:
Aprenderemos para qué sirven los distintos pines del puerto paralelo y cómo sacar datos a traves de ellos (leer datos es ligeramente más complicado y lo dejaremos para futuras entregas) . Todo ello en un estupendo entorno linux, pero si tienes Windows puedes ver cómo hacer esto mismo aquí. Si tienes un Mac… Bueno, no creo que los Mac sigan montando de éstos. No son lo bastante bonitos, supongo.
Nuestra obsoleta del fin de semana se llama Belén Hermosa. Parece que tiene muy claro el tema de los formatos obsoletos, porque inspirada por el asunto ha diseñado la silla Panda, compuesta por más de cuatro mil CDs.
Andan los periódicos a vueltas con la segunda versión del Kindle, el lector de libros electrónico de Amazon. Este producto no se vende fuera de Estados Unidos, no sirve para mucho y es increíblemente caro (360 dólares), por lo que en realidad, la presentación del Kindle no es una noticia que pueda importar mucho a los lectores de prensa españoles. La prensa, en realidad, publicita y alaba al Kindle por su propia supervivencia, como quien le reza a un dios recién nacido. El Kindle es una manera de cobrar por contenidos digitales, y los generadores de contenido necesitan dinero para mantener funcionando sus enormes máquinas (¿sabían ustedes que Maruja Torres cobra por escribir en El País?)
¿Dónde se ha visto un libro con teclado?
Las comparaciones con el iPod y su iTunes proliferan en este tipo de artículos. El sistema reproductor musical/tienda virtual de Apple ha sido el primer modelo de venta de bits que triunfa masivamente. Y, de la misma manera que Apple vende la misma música que la gente se baja gratis (aunque ilegalmente dependiendo del país), Amazon podría vender los periódicos que la gente lee gratis, ¿no? Bueno, pues no. Para empezar, los reproductores de MP3 eran una realidad cuando nació el iPod. Apple entró en un mercado floreciente con un producto de gama alta. Lo que Amazon intenta hacer es crear un mercado que no existe. Y lo intenta con doble pirueta mortal: cerrando su producto cual Constantinopla asediada (el Kindle prácticamente sólo lee cosas hechas expresamente para el Kindle) y en un mundo en el que los móviles se empiezan a convertir en los dispositivos centralizadores de todas las comunicaciones personales.
Arcadi Espada tiene la sana costumbre de traducir textos para apoyar los suyos propios. Éste de Jack Shafer publicado en Slate hace un mes es magnífico. Dice, por ejemplo, que no es fácil ni grato usar un Kindle ¡Podrían los periodistas comprobarlo antes de afirmar que el 2009 será el año del libro electrónico! También enlaza un vídeo de 1994 en el que el periódico electrónico era el futuro. Qué casualidad.
En Obsoletos nos encantan los robots. Son metálicos, nunca nos harían daño y suponen una promesa de futuro desde hace siglos. Edu nos ha pasado un enlace a una historia de los robots bastante maja, pero tras leerla e investigar un poco, creo que no aportaría nada si la tradujera tal cual; los artículos de la wikipedia de robots y autómatas son muy completos.
Así que hoy nos dedicaremos a honrar la memoria de cuatro personajes que, viviendo en continentes y siglos muy distintos, dedicaron sus esfuerzos a imitar mecánicamente las actividades que consideramos humanas. Cuatro artesanos que tuvieron que enfrentarse tanto a las limitaciones técnicas de su tiempo como a las supersticiones y malos rollos (supongo que causados mayormente por el valle inquietante).
Hermanos Banū Mūsā
Empezamos bien, porque los Banū Mūsā no eran uno, sino los tres hijos de un astrónomo e ingeniero persa llamado Mūsā ibn Shākir (de ahí su apellido, hijos de Mūsā). Vivieron en el Bagdad del siglo IX, que en aquellos tiempos era la capital científica del mundo, y se dedicaron a la ingeniería, astronomía/astrología, mecánica y ciencias en general. Su cuartel general era la Casa de la Sabiduría, una institución a medio camino entre biblioteca y universidad.
De izquierda a derecha, Jafar Muhammad, Al-Hasán y Ahmad
No está claro quién se dedicaba a cada cosa, y probablemente compartieran tareas, pero se les suele representar como en este sello sirio: Jafar Muhamad con sus astros celestiales, Al-Hasán con sus geometrías y matemáticas, y Ahmad como el mecánico ingeniero. Cuando en la escuela nos enseñan que los conocimientos científicos de los antiguos griegos no se perdieron gracias a los árabes, están hablando de estos tres hombres, que aprovecharon el florecimiento cultural árabe para recoger antiguas enseñanzas del mundo griego (que había ocupado regiones ahora musulmanas), y cuyos libros fueron traducidos al latín e introducidos en Europa tras su muerte.
Pero si hablamos hoy de los hermanos Banū Mūsā, es por su Kitab al-Hiyal, o Libro de los artefactos ingeniosos. Publicado en 850, abarcaba prácticamente todo el conocimiento mecánico contemporáneo e incluía unos cuantos mecanismos ideados por los propios Banū Mūsā o nunca antes plasmados sobre papel: válvulas de flotación, máscaras de gas, sensores de presión, manivelas no operadas manualmente… En total, más de cien artefactos, mecanismos y conceptos.
Probablemente, la aportación más importante de Muhammad, Hasán y Ahmad fue la separación conceptual de los mecanismos y de la mano humana. Desarrollaron un órgano que tocaba cilindros intercambiables gracias a la fuerza del agua; demasiado parecido a una pianola como para no considerarlos sus inventores. También inventaron una flauta mecánica que se podía programar, junto a otros cuantos autómatas. Un siglo después de su muerte, la fabricación de autómatas era un negocio floreciente en el mundo árabe, que pasaría al resto de Europa a través de la península ibérica.
Leonardo da Vinci
Pues sí, nuestro famoso Leonardo, además de helicópteros, escafandras, paracaídas, tanques de guerra, cuadros, esculturas y edificios, también pudo dedicar parte de su vida a los autómatas. Concretamente, construyó uno con una armadura de la época y unos cuantos hierros que tenía por allí tirados. El diseñador italiano Mario Taddei ha dedicado algunos años a investigar y reconstruir el robot davinciano, publicando todo el proceso en un libro que me quiero comprar pero ya.
Este autómata es capaz de mover cuello y brazos con suficiente soltura como para resultar indistinguible de un humano con armadura. La idea de Leonardo era crear un ejército de soldados robots como el que hoy combate en Irak ¿Adelantado a su época? Nooo, qué va.
Hosokawa Hanzo-Yorinao
El señor Hosokawa vivió en el Japón del siglo XVIII, en pleno período Edo. Era maestro artesano de karakuris, autómatas mecánicos para el entretenimiento de las clases acomodadas, capaces de servir el té, escribir con pincel o jugar a juegos de mesa. Los karakuris tenían su origen, primero, en las transferencias culturales naturales entre China y Japón (antes de que los japoneses tuvieran escritura, China ya era un imperio centralizado), y luego en los contactos con comerciantes europeos -portugueses y holandeses, sobre todo- a partir del siglo XVI, que solían navegar cargados de relojes que ofrecían como regalos y sobornos a los mandatarios asiáticos. Además, tengo entendido que la era Edo fue bastante pacífica en comparación a lo anterior, por lo que se pudo desarollar una burguesía que no estuviera pensando constantemente en incendiar el castillo del vecino y encontrara gusto a observar cómo una especie de persona en miniatura con tripas de relojería ejecutaba tareas sencillas.
Karakuri que sirve té, de principios del siglo XIX. Foto de la wikipedia
Los karakuris son un ejemplo magnífico del valle inquietante: sus formas corporales están ocultas por amplios vestidos, y cabeza y manos son de porcelana, dolorosamente reales. Los movimientos que hacen serían hoy calificados de robóticos, pero son más naturales que un break-dancer cualquiera. Para que te hagas una idea, mira este vídeo antes de seguir (tienes más vídeos en Fogonazos), se trata de un karakuri del siglo XIX:
Como decían en 30 Rock, nos pueden gustar R2D2 y Jessica Biel, pero no Tom Hanks en Polar Express. Pues bien, los japoneses tienen mucha experiencia en esto de inquietar acercándose al aspecto humano, experiencia que aprovechan hoy en día con sus malditas pelis de terror chungo.
Pero volvamos a Hosokawa-san. Además de ser un gran constructor de estas pequeñas maravillas burguesas, hizo algo que le valió pasar a la historia: escribió un libro sobre el tema que fue publicado tras su muerte, en 1798. Tres tomos repletos de cuidadosas y detalladas instrucciones sobre cómo fabricar un karakuri, desde el grosor de la tela del vestido hasta los requisitos mecánicos de las piezas interiores, junto con el espíritu que debería guiar al artesano. Es el libro sobre ingeniería más antiguo de Japón, y supuso una revolución en la forma de transmitir el conocimiento, al romper con la hermética e inviolable enseñanza de maestro a aprendiz que regía entonces.
Leonardo Torres Quevedo
El más cercano a nosotros, Torres Quevedo nació en Cantabria en 1852, estudió en Bilbao, París y Madrid, y recibió una herencia que le permitió vivir del cuento, dedicado a sus inventos. Ingeniero de caminos de formación, nada más salir de la Escuela comenzó a patentar artefactos e inventos a un ritmo febril. Dos eran las áreas favoritas del ingeniero Torres Quevedo: el transporte y los autómatas. De la primera dejó como legado el transbordador sobre las cataratas del Niágara, inaugurado en 1916. Pero sus progresos en el campo de los automatismos fueron más espectaculares: su Telekino de 1903 fue el primer mecanismo de control por ondas de radio, vamos, el primer mando a distancia. Construyó también máquinas de calcular que resolvían ecuaciones de segundo grado, y desarrolló importantes teorías sobre el cálculo algebraico por métodos mecánicos.
Pero si hablamos hoy de Torres Quevedo, es por su Ajedrecista, un autómata mecánico de 1912 que jugaba al ajedrez con una torre y un rey blancos contra un rey negro controlado por un humano, desde cualquier posición.
Y siempre ganaba
El Ajedrecista usaba electroimanes para mover las piezas, y tenía un aspecto muy poco humano. Sin embargo, es descendiente de una venerable saga de robots jugadores de ajedrez que incluye gloriosos fraudes como el del turco mecánico que engañó a toda Europa durante casi un siglo. De alguna manera, el Ajedrecista es el antonimo de aquel Turco; es moderno, transparente y científico, no un entretenimiento de salón para engañar burgueses. Y, siendo el robot más moderno de los que hemos tratado hoy aquí, no era un robot porque la palabra todavía no existía.
"Desguaces Latorre" de la serie Basurama Panorámica. Foto: Pablo Rey y Rubén Lorenzo.
Desde el 1 de enero de 2004 la retirada de vehículos abandonados en las calles de Madrid está adjudicada a la empresa municipal Madrid Movilidad SA, con el 88% del capital social aportado por el Ayuntamiento. Anteriormente se encargaba EMITRA, empresa mixta con el 44% de las participaciones en manos de FCC-Medio Ambiente SA, y el resto en las del Ayuntamiento de Madrid.
Los vehículos retirados por las grúas de Madrid Movilidad son almacenados en la red de depósitos del ayuntamiento. Si no son reclamados en un tiempo definido se convierten en chatarra. La capacidad de estos depósitos es claramenteinsuficiente, lo que parece lógico si el espacio de aparcamiento y de circulación se quedan cortos. Quizás deberíamos decir que hay demasiados coches, pero ese es otro tema.
La solución para paliar los efectos de la congestión en los depósitos es convertir en chatarra los coches que superan el tiempo máximo estipulado. Parece que la razón para considerar chatarra un vehículo no es su estado, sino más bien la falta de espacio.
Casi cuatro millones de kilos de materiales como metales, gomas, cristales, aceites, plásticos o cauchos procedentes de 6.803 vehículos, se han transformado en sustancias no agresivas con el medio ambiente, a lo largo del pasado año. Cumpliendo la política de sostenibilidad y de respeto con la naturaleza que promueve el Ayuntamiento de la Ciudad, la empresa municipal Madrid Movilidad ha reciclado automóviles y motocicletas abandonados -y dados de baja- que viven así su segunda oportunidad en forma de hierro fundido o pavimentos insonoros.
Parece que en Madrid, los vehículos no acaban en Guiyu, y tampoco estamos tan mal como en Bolivia.
Podríamos decir que la congestión se va desplazando de sitio. Es como el montón de la ropa sucia en una habitación de estudiante: cuando te vas a acostar lo quitas de la cama y lo dejas en la silla; te levantas, tienes que estudiar y lo pones en el suelo detrás de la puerta; cuando ésta ya no abre, lo sacas al pasillo.
Hace unos días nos lamentábamos en obsoletos de que las masas no estaban preparadas para Linux. El mundo del software libre es un carrusel emocional, y hoy a través de barrapunto nos llevamos la alegría de conocer Suse Studio.
Como apuntan en cnet, el software es por definición infinitamente versatil; eso sí, su potencial está limitado por las condiciones bajo las que esté licenciado y por los conocimientos de programación del usuario. Lo primero queda anulado con el concepto de software libre, y lo segundo se va limando poco a poco. Las dos vienen a ser la misma cosa: cuanta más gente sea capaz de desarrollar software más diverso será éste.
La empresa Novell lanzó en septiembre de 2008 Suse Studio, una herramienta on line que permite crear distribuciones de Linux personalizándolas con las funcionalidades deseadas. La intención de los creadores de OpenSuse ha sido desarrollar una herramienta para todos los públicos, un sistema fácil de usar pero sin renunciar a posibilidades de personalización. Incluye un detector de dependencias inclumplidas, y un sistema para poder cubrir con soporte, de actualización por ejemplo, el amplio abanico de distros: un algoritmo evalúa la distribución una vez compilada y comprueba que cumple unos mínimos; si no los cumple se sugieren los cambios necesarios.
Aunque en fase alfa, se habla ya de Suse Studio como el Linux para las masas. Desde Obsoletos somos menos optimistas, ya que las dificultades de instalación y uso siguen ahí, pero sí que teóricamente hace posibles nuevas maneras de pensar el ordenador al poder más gente programarlo.
Nosotros lo probaremos a ver si nos abre un mundo de posibilidades para crear distros específicas para equipos antiguos, y así ponerlos en funcionamiento para tareas concretas: una máquina recreativa, un equipo de oficina, un ordenador para colegios, un equipo multimedia para el salón…
Este martes Edu vino a cenar a casa. Como la opulencia de nuestras cenas, al parecer, es legendaria, se vio impelido a traer una ofrenda. Su ofrenda (que aceptamos graciosamente) fue una Palson cx 340.
Probablemente Edu te suene porque fue él quien hizo las fotos durante nuestros talleres en la facultad de físicas. Más probablemente Palson CX-340 no te suene de nada. Es un nombre que viene de antes de que las consolas tuvieran nombres grises y anodinos, con palabras como “Play”, “Game” o incluso “Entertainment”. De cuando en la industria del entretenimiento electrónico se llebaban nombres dinamicos y proactivos, con números grandes (y me refiero a números de al menos tres cifras, no birrias como “32″ o “64″). Tenías la Atari 2600, la Coleco Telstar Classic 604, la Hanimex 7771 y claro, la Palson cx 340.
Palson cx340 con los mandos recogidos
Ya habrás averiguado (la foto ayuda) que estamos hablando de una consola. Aunque en realidad no tiene ningún orificio/compartimento donde introducir juegos. Sólo permite jugar a los cuatro que trae preinstalados. Variantes del Pong los 4, por cierto. Pero, claro, es lo que se llevaba por aquel entonces.
Al parecer, estos artilugios vieron la luz en españa en 1977 (y supongo que alguno caería en el 78, pero no he encontrado nada al respecto) de la mano de Electrónica Ripollés, tal como atestigua la plaquita que tienen en la parte trasera. Solo para que quede claro: este trasto es 10 años más viejo que mi Spectrum. Técnicamente, es una consola de tiempos de Franco, date cuenta.
Electrónica Ripollés. Acercando el futuro a España
Aparte de los dos mandos, de los que hablaré luego, tiene 5 interruptores que permiten seleccionar respectivamente: Encendido-apagado, tamaño de las palas, velocidad de la bola, ángulo del rebote y el tipo de juego. Hasta aquí normal. Lo curioso del asunto, algo que no ves en los juegos de hoy en día, es que puedes, tranquilamente, cambiar la posición de cualquiera de esos interruptores durante la partida; los cambios se dan inmediatamente y la partida sigue como si nada.
En realidad los cables se quedan un poco cortos.
Y digo CUALQUIER interruptor. Así que si tienes un amigo cabroncete no solo verás cómo el tamaño de tu pala o la velocidad de la bola cambian de repente, tambien te puedes encontrar con que empezaste jugando a futbol y en lo que tarda la bola en ir de un lado a otro de la pantalla has pasado a jugar a tenis y luego a frontón. Y la verdad es que esa mutabilidad hace que el juego sea mucho más interesante, sobre todo cuando ya te has tomado un par de cervezas. Pero mejor echale un ojo al vídeo para hacerte una idea.
Los mandos, por su parte, sólo tienen el botón de reset (mal sitio para un botón de reset) y una rueda para mover las palas. Como era de esperar despues de más de 30 años, cuando los probamos por primera vez resultaron demasiado erráticos. Al mover la rueda las palas saltaban arriba y abajo con bastante alegría. Por eso, y porque quería ver como eran por dentro decidí abrir uno de ellos.
El potenciómetro controla la posición de la pala
El reset pone los marcadores a cero
Como ves, no hay nada complicado ahí dentro. El botón de reset simplemente empuja una chapilla que cuando hace contacto con el cable amarillo resetea la máquina y la rueda esta engarzada en un potenciómetro (oséase, una resistencia variable). La máquina mide esa resistencia y según el valor que tenga pone la pala en un punto u otro de la pantalla. Y ya está.
Así las cosas, me imaginé que la culpa de los saltos la tendría el potenciómetro. Verás, un potenciómetro es basicamente un semicirculo de material con cierta resistividad y dos contactos eléctricos. Uno de los contactos esta en un extremo. El otro contacto se puede desplazar a lo largo del semicírculo. De esta manera, cuanto más lejos esté del extremo más cantidad de material resistivo tendrá que atravesar la corriente eléctrica y mayor será la resistencia total. Me sigues, ¿no? Bueno, pues ese contacto que se mueve se llama cursor.
En general los potenciómetros están bien sellados, pero 30 años de mugre se acaban colando por cualquier rincón. Si se deposita roña sobre el material resistivo puede hacer que el cursor no haga buen contacto y entonces la resistencia que nos de el potenciómetro variará segun la distribución que tenga la mugre ( la cual es bastante aleatoria despues de todo).
Total, que abrí los potenciometros y los limpié bien con alcohol. Lo puse todo en su sitio de nuevo y debo decir que funciona perfectamente.
Solo tienes que levantar las pestañitas con unos alicates de punta fina para desmontarlo.
Luego hay que limpiar bien la "herradura" negra y los contactos de cobre.
Así que aquí nos tienes, toda la tarde jugando al fútbol con dos palotes.
Obsoletos es un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación de residuos tecnológicos.
Este blog es el espacio en el que el equipo de Obsoletos volcamos nuestras ideas, referencias y pensamientos en torno al mundo de la tecnología y la reutilización.
También queremos usar este espacio para dejar constancia de en qué nos gastamos la pasta, porque consideramos que el dinero público es algo muy importante y, la verdad, aún no sabemos qué coño hicieron con ciento cuarenta mil eurazos los tipos de las Keli Finder.